Poema

Este poema, como explica el propio Bachir Ali, trata sobre el arraigo cultural tradicional y la historia saharaui. La segunda parte es una alabanza a Dios ante la injusticia. En esta parte describe el poder de Dios para traer las lluvias, los vientos, la sequía y a la vez es un ruego para su misericordia.

Sé que fuimos bravos y caballeros.

Jinetes sobre lomos de camellos,

armados con destellantes

y afiladas espadas de combate.

Tan severos cuando nos enfadaban,

virtud que Tú, Dios mío, nos concediste.

Sólo Tú sabes

cuántas derrotas hemos infligido

con nuestra indeleble bravura

y cuántos litigios, con agudeza y cordura,

hemos conducido a su resolución.

Ay, Dios mío, sólo Tú sabes

a cuántos hemos curado con sabiduría

y a cuántos hombres hemos educado

y protegido en nuestro regazo.

Y hoy, cuando el tiempo nos ha dado la espalda,

callos ha dejado en nuestras espaldas.

Oh, a ti nuestro Señor, nos dirigimos

y en ti nos refugiamos,

protégenos y salvaguarda

nuestra existencia como pueblo.

Concédenos lluvias que nos alegren el alma

y que nos hagan bailar la danza de sana[1]

Y que nos desborden para llenar de alegría

nuestras almas,

y de júbilo rebose el alma de nuestros jóvenes

y de bien nuestros ganados,

y reverdezca nuestras estepas y cordilleras

y que en nuestros collados y cerros no falte

la bondad de Dios.

Oh Tú, generoso y piadoso

nuestro señor,

la tierra y tus siervos te necesitan,

dadles lluvias y dadles ganado.

Miradles, sus ganados lastimados por el hambre

se acurrucan acorralados,

y el cuenco vuelve vacío del ordeño,

el cielo de tu gracia se ve desnudo

y vacío de nubes,

los camellos, enjutos, tiritan de frío

despojados de su lana,

no hay pastos ni granos para darles.

El mal tiempo demoró el regreso

de los hombres que fueron a buscar

el pasto y la ayuda

Oh Tú, mi señor,

tristes están los ganados

y tristes y apesadumbrados los amos

por las inclementes sequías que les golpean

y que afectan a las estaciones

y afectan nuestro ánimo y nuestros cantos.

Oh, Tú, el poderoso,

la sequía merma nuestras moradas

y hace que nuestras manos se cierren vacías

y se extiendan hacia ti implorando tu bondad.

Tu siervo se dirige a ti,

necesitado y desamparado.

Oh, Tú, mi señor,

en ti está nuestro refugio,

Tú, el generoso, bendice a nuestros muertos.

Necesitamos nubes en el cielo

y frescos aires en la tierra.

Tú, en quien nos refugiamos,

concédenos pronto una paz eterna con nubes,

truenos, relámpagos y prologada aradana[2]

que abarque desde el monte Bu Lautad

a los llanos y estepas de Tiris.

Da tu gracia a sahel[3] y a nuestros montes por igual.

Tú, el querido y bondadoso,

desborda de bienestar toda la región

y cura las abiertas y secas heridas de la sequía

y sobre los hijos e hijas del Río

haz que truenen las nubes,

haz que corran los riachuelos,

haz que se evite el daño a nuestras jaimas,

Tú, el generoso, bendice a nuestros muertos.

[1] Es una danza tradicional saharaui de siglos atrás que bailan las chicas. También hay un peinado llamado Sanamana que hacían las mujeres saharauis. [2] Suaves e ininterrumpidas lluvias, de las que la tierra coge bien y hacer crecen las hierbas sin causar inundaciones ni daños. [3] El litoral saharaui.

Bachir Ali Abderrahaman

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