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Resulta difícil comprender en la cultura occidental, ensimismada en la búsqueda y satisfacción de la conciencia e intereses individuales, la lucha de un pueblo que busca el fin común como una gran familia en la que cada elemento cumple un rol, ese fin es la libertad. Es gracias a que predomina la estructura familiar que los Saharaui han podido mantener su lucha.

Después de casi 20 años del alto al fuego vigilado por las UN que mantuvieron con Marruecos, por la invasión de su territorio en 1975, continúan luchando por mantener su identidad sin poder levantar industria de algún tipo o tener acceso a sus recursos que se explotan ilegalmente en su tierra, la cual se mantiene tras un muro y miles de soldados. En sociedades que dan por hecho la libertad, África parece un continente en transición al que eventualmente ésta llegará. Esta postura individualista, que han adoptado países enteros, se ha convertido en la guía de una solidaridad internacional superficial que se conforma con enviar un poco de comida a los países en conflicto en lugar de promover el derecho a la autodeterminación de los pueblos a través de organismos de carácter internacional como la ONU.

El gobierno Saharaui se encuentra a cargo del Frente Polisario como movimiento político y militar que lucha por la independencia del territorio, primero de España, luego de Marruecos y Mauritania, y actualmente de Marruecos. Heredero de los movimientos de liberación de los años 60´s, ha optado por la vía diplomática y actualmente muchos militares ex combatientes se encuentran promoviendo la libertad de su pueblo tanto en los países que reconocen a la R.A.S.D. (República Árabe Saharaui Democrática) como en los que no lo hacen. Una de las intenciones de los diplomáticos es ver algún día con vida a sus familias que están tras el muro que Marruecos construyó durante los años 80. Se busca hacer especial hincapié en lo relacionado a Derechos Humanos, difundiendo los crímenes que se cometen contra la población Saharaui en territorio ocupado como tortura, detenciones arbitrarias y desapariciones. Alrededor de 650 Saharauis están desaparecidos según la página http://www.desaparecidos.org/sahara/.

Los medios de comunicación se han convertido en una cuestión vital ya que entre más se dé a conocer su situación, más presión se hace sobre Marruecos y más podrán recibir. Tras depender totalmente de la ayuda internacional durante décadas, el futuro de los habitantes de los campamentos de refugiados Saharauis en el territorio de Argelia es incierto. No sólo es subsistir, sino construir un Estado desde el exilio, ya que inclusive la capital política y administrativa, El Aaiún se encuentra ocupada mientras la gente espera el momento de regresar a casa.

Mientras que muchas familias han conseguido los recursos para construir casas de  adobe, otras permanecen en las grandes tiendas de campaña con capacidad para una familia entera conocidas como Jaimas. La vida cotidiana de los habitantes de los campamentos, históricamente relacionados con el desierto como civilización, transcurre entre el trabajo en las escuelas, hospitales y con los heridos de guerra, con especial atención en mantener vivos los valores familiares y religiosos.

Al recodar que este país fue alguna vez parte de España, cuyo gobierno abandonó a su suerte al entonces Sahara Español durante la transición democrática sucedida a raíz de la muerte de Franco, resulta fácil comprender que en la actualidad una parte importante de la supervivencia de los habitantes se debe a la ayuda de la sociedad civil española quien, a través de sus comunidades autónomas, construye hospitales y envía médicos. Desgraciadamente la manutención de los hospitales una vez construidos resulta muy complicada debido a la falta de recursos, particularmente en campamentos sin luz eléctrica o donde escasea el agua.

Recientemente el caso de abuso contra Aminetu Haidar fue muy sonado en los medios: La activista Saharaui, encarcelada y torturada años atrás por Marruecos, permaneció en huelga de hambre durante más de 30 días en el aeropuerto español de Lanzarote en las Islas Canarias a finales del 2009. Tras regresar de un viaje para recibir el Premio al Coraje Civil en Nueva York, fue expulsada del aeropuerto Hassan I de El Aaiún (territorio ocupado) por sus posturas nacionalistas en defensa de los derechos humanos, sus papeles le fueron retirados y fue enviada a las Canarias; el gobierno español le negó regresar a su tierra, asumiendo que ella aceptaría quedarse en España. Tras la intervención y presión de gobiernos internacionales y de la comunidad internacional, pudo ser hospitalizada y regresar con sus hijos a El Aaiún.

Este es un claro ejemplo de la estrategia de España: disimular el problema en espera de que el tiempo desgaste la lucha. Que los viejos que combatieron mueran, que los jóvenes abandonen la causa y así obligar a la descomposición social. El interés de España en la negociación con Marruecos, por debajo del agua, es aparentemente para controlar la migración, pero con miras en la explotación de una de las minas de fosfato más ricas del mundo en Bucraa, además de recursos como hierro, petróleo, gas y agua, así como la gran producción pesquera que tienen los marroquíes en territorio ocupado. Estos intereses secundarios se ocultan tras un discurso de apoyo a la libertad del Sáhara que no se lleva a la práctica.

Al interior del territorio, los orígenes culturales nómadas y tribales del casi un millón de individuos Saharauis, hacen muy particular el proceso de constituirse como una sola nación que la voraz actitud del Reino de Marruecos ha buscado anexarse como provincia inclusive en espacios oficiales. El Saharaui es el único país árabe de habla hispana en el mundo, por lo que mantiene una fuerte relación con países hispanoparlantes como Cuba y España en materia educativa y un papel fundamental con América Latina en intercambio cultural como importante vínculo con el mundo árabe. Por su parte, los países vecinos Mauritania (quien estaba aliado con Marruecos en un principio) y Argelia han decidido ayudar al pueblo Saharaui a pesar de sus diferencias e intereses. Pudiendo ser de gran ayuda, el gobierno francés le niega el apoyo a un pueblo hispanoparlante en un área que ellos volvieron francófona y como suele ocurrir, la doble moral del gobierno de Estados Unidos se hace presente ya que a pesar de permanecer neutral, ha sido históricamente aliado de Marruecos por su posición geográfica y no le conviene intervenir.

Sin la confianza en recuperar su territorio sería imposible sobrevivir en el clima extremo de la región cercana a Tindouf, Argelia, en donde se encuentran los campamentos de refugiados. Mientras tanto, el territorio liberado ofrece paisajes cambiantes; desde “vistas lunares” con rocas quemadas por el sol y lisas por el viento hasta pequeñas zonas con vegetación llenas de camellos a través de caminos rodeados de señalamientos de minas, trincheras, y en algunos lugares  como Tifariti, restos de vehículos de guerra que se exhiben como orgullo de la victoria.

Actualmente la capacidad de difundir esta situación por Internet y la posibilidad de los niños Saharauis de estudiar en distintos países del mundo árabe, así como en España, ha provocado una mezcla cultural que transforma a la sociedad Saharaui. Así, la juventud ha adoptado valores, como el respeto a la mujer, que en otros países islámicos no se han dado: en estas condiciones, como refugiadas, el papel de la mujer ha cambiado, ha salido de la cocinas y se ha convertido en una parte activa en el gobierno y en la producción a través de cooperativas de artesanas. Pero este intercambio es también una vía para que conozcan y tengan acceso a vicios y obsesiones de la cultura occidental, desde el tabaco americano hasta el teléfono celular.

Mientras los políticos y los activistas cumplen su papel, desde las aulas de las comunidades en el desierto hasta las salas de los foros gubernamentales, al pueblo Saharaui, que vive a diario los estragos de los intereses ajenos de una pequeña guerra fría, sólo le queda seguir esperando a que se cumpla el referéndum (MINURSO no comprende que hace esto aquí) propuesto en las Naciones Unidas desde hace casi 20 años para decidir su independencia o adhesión a Marruecos. Al ir perdiendo la esperanza de que su libertad se decida en una sala de burócratas, la opción de volver a la lucha armada parece la única salida. Si se le pregunta a cualquier habitante de los campamentos sobre volver a la guerra dirá confiado que están listos para ganarla: “A pesar del desgaste de nuestras armas y ser minoría, la lucha de los soldados marroquíes es por su salario, la nuestra es por nuestras familias”.

Rodrigo Jardón Galeana

http://www.flickr.com/rodrigojardon