TRAZANDO DUNAS BAJO EL SOL Y LAS ESTRELLAS

Siempre he imaginado con ser y hacer mil cosas, ya una cantante famosa, una escritora, bailarina, pintora y porque no, una viajera; ahora me viene a la mente la frase que dice “de poeta y loco, todos tenemos un poco”, con este dicho me atrevo a decir que algo de todo esto he logrado llevar a cabo. Pero he de confesar que lo que sí no había imaginado era que un día iba a compartir con el pueblo saharaui su vida entera y retomando su pensamiento: “escuchar el silencio y darme tiempo para reflexionar sobre muchas cosas que nos rodean al caminar perdiendo la mirada en el horizonte infinito”.

¿Pero dónde empieza el primer trazo de mis dunas? la Asociación Mexicana de Amistad de la República Árabe Saharaui AMARAS y su Embajada en México  invitan a conocer la realidad de un pueblo en décadas de lucha por su libertad. Aunado a ello está la oportunidad de conocer su cultura conviviendo con una familia saharaui dentro de los campamentos de refugiados.

Decidí entonces dirigir mis trazos a la ruta destinada junto con otras 30 personas entusiastas y conscientes de apoyar la causa Saharaui. Ya lo decía Ho Chi Minh “No hay nada más precioso que la independencia y la libertad”.

Durante una semana, los trazos se hicieron más fuertes tornándose en lazos de amistad y porque no, fraternales. Aprendí que un pueblo con voluntad es un pueblo con libertad.

Infinidad de impresiones como infinitas las estrellas fueron las que nos recibieron aquella madrugada de abril en que pisaba por primera vez tierra saharaui que días antes estaban sólo en mi mente. Fue apenas entrar a una jaima que la invitación a tomar el té no se hizo esperar. Sentados en confortables y coloridas alfombras tomando el té, nos introdujo a la conversación con quienes a partir de ahora sería y es nuestra nueva familia saharaui. Mientras los pequeños vasos de vidrio era llenados con maestría nos hacían saber que serían tres las rondas de las que dicen la primera es amarga como la vida, la segunda, dulce como el amor y la tercera, suave como la muerte. Sabidurías como éstas y muchas más existen en las mentes de los ancianos los cuales son consultados con el mayor respeto.

Día a día nos ofrecieron diferentes actividades las cuales fueron parte esencial e importante del viaje. Finalmente mis pies descalzos sintieron las suaves arenas que momentos antes habían recibido el calor del sol, mismas que ahora las estrellas reclamaban. Las vivencias que del desierto surgieron, transformaron para siempre mi corazón logrando así, trazar dunas bajo el sol y las estrellas.

Olivia Mora Torres

De la delegación 2008